
Es una simple pregunta, ¿cómo es Santiago?...y ¿cómo es…? Difícil análisis que abarca muchas respuestas, donde se integra su estilo, su gente, su comida, su dinero…su alma.
Para responder algo así hay que tener muchos puntos en cuenta, y que no solo involucran la superficialidad de la ciudad, va más allá.
Santiago posee muchas virtudes que la convierten en una capital única, donde la geografía y su particular forma hace que resalte por sobre el resto. Su cordillera, sus cerros, el San Cristóbal en el centro de la cuidad, el Santa Lucía, un poco más pequeño pero que permite ver lo suficiente para hacerse una panorámica del micro centro, su río, un poco vacío y oscuro, pero fiel y representativo de lo que es no solo Santiago, sino que Chile. Ya que para muchos, y me incluyo, Chile es un país más bien pacato, mediano, al tres y al cuatro, donde “se hace lo que se puede”, y las personas si se destacan por algo, es por su ineficiencia y poco esfuerzo. Ojo, no es la generalidad, no son todos, es su mayoría.
¿Es esto, malo? Quizás. ¿Es algo poco atractivo para el turista? Puede ser. Entonces ¿Es algo bueno y atractivo? No lo creo, de hecho ciertamente que es negativo, pero viéndolo desde una perspectiva más positiva, habla de una ideonsincracia definida, donde la amabilidad poblacional, en muchos casos es efectiva, y la seguridad ciudadana, como les gusta decir, está en una muy buen pie respecto al resto de los países latinos.
Así es Santiago. Un cúmulo de ideas, de definiciones, de significados, malos y buenos, como toda ciudad, que hacen de esta capital algo único dentro del mapa, algo irrepetible dentro de Chile
